Todavía recuerdo el día que fui a ver al cine El club de los poetas muertos, y sobre todo recuerdo cómo me sentí después de ver aquella película. Lo primero que me pregunté fue: ¿Dónde están esos profesores tan molones, porque en mi instituto no hay ninguno que se le parezca…?
El argumento es el siguiente:
Un profesor de Literatura algo excéntrico llega a Welton, un colegio privado muy austero y con una moral conservadora al máximo. El nuevo profesor llega al centro rompiendo todas las convenciones y normas aprendidas por los alumnos, y a través de la lectura y del “carpe diem” les enseña a ser ellos mismos, a conseguir sus sueños, a expresarse, a no temer al qué dirán, en definitiva… a ser libres y a vivir. El rechazo del resto de profesores ante esta “revolución” ocasiona conflictos que no acabarán siempre de forma afortunada…
¿Quién me iba a decir a mí con catorce años que yo misma me dedicaría a la docencia años después, y además como Profesora de Literatura? Con lo que me marcó a mí aquella película…tanto que al poco tiempo me compré el libro en el que se basa la película, o eso creía yo, porque la realidad es que la novela se escribió después del estreno del film, supongo que aprovechando el tirón mediático.
La novela se lee bastante bien, es cortita y refleja perfectamente la película, demasiado lineal quizás, pues no se sale ni un ápice del guión original, que por cierto consiguió el Oscar en 1990. Lo que ocurre en la acción del libro es lo mismo que sucede en la película, además si ya la has visto (como me sucedió a mí) recuerdas las imágenes del film conforme vas leyendo pasajes del libro.
En definitiva, me quedo con la película y las interpretaciones de parte de sus actores. Robin Williams está fantástico en uno de sus mejores papeles, algo sobreactuado, como de costumbre, pero merece la pena verlo. También es interesante poder ver a Ethan Hawke en uno de sus primeros papeles, aunque personalmente me parezca un actor que no ha evolucionado mucho a la hora de interpretar.
Leed el libro, ved la película y sacad vuestras propias conclusiones, pero lo que os puedo asegurar es que ninguno de los dos os dejará indiferentes…

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